MARISA BÉJAR

Esa fuerza que amanece sin vida,
esa facultad que me produce envidia: cambios de ritmo.
¿Puedes gobernar tu instinto?
¡Dichoso amanecer vespertino!
Es lo que necesito cuando mi corazón grita.
Es un brebaje loable.
En boxeo táctica estimable,
podrás vencer el rival más encomiable:
noquea con el puño definitivo
cuando crean que te das por vencido.
No hay luz, ni oigo reír a los niños…
No hay aire, no hay nada: sólo niebla indomada.
Deambulo por tejados quebradizos
Apuntalados con lanzas en pico.
No me enseñaron a ser soldado
y mi bando está despoblado.
Bandeando sueños en pavimento resbaladizo,
pies encapados y escurridizos,
¡No sé dónde aterrizo!
.
Me embiste un espíritu huidizo
mostrando sus fauces malditas.
¡Quiere que caiga por las rendijas!
Lastimeros llantos enfermizos
azotan el suelo en crujidos ininterrumpidos…
Sabandijas apresando aldeanos ejemplares
que agónicos reptan por los cristales.
Cuentan los sabios que algunos lograron llegar al faro
sorteando todos los escollos del siniestro tejado.
Pero sólo veo quienes quedaron atrapados.
Marisa Béjar 26/08/2017.

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