MARCELA VARGAS

Su ágil mano derecha, repleta de líneas, abrió el grifo. Una sucesión de finos cilindros de agua comenzó a caer sobre su cuerpo desnudo. Empezó a enjabonarse. Pronto, sus pies se cubrieron de una sutil espuma líquida. El sonido de la ducha y el que se producía al caer las numerosas gotas se combinaban, e iban acallando sus alborotados pensamientos, hasta apaciguarlos por completo. La acuática melodía llevó a esta persona a confundir la realidad con el sueño. Y en esta suerte de dormición, oyó un barullo de susurros. Sorprendido, el sujeto abrió sus ojos entrecerrados por efecto de ensueño; y procuró retomar el tejido de sus aún deshilachados pensamientos. Pero la dulzura con que el agua cantaba volvió a dejarlos a medio urdir. Sólo le permitió oír el frufrú de la cortina plástica que separaba la ducha del resto del baño. Un roce que obligaba a este individuo a ver detrás del velo plástico.

Tras correr el cortinado, sus pies se sintieron apoyados sobre una superficie arenosa y semi-cubiertos por un líquido móvil. Se hallaban justo en medio de ambos elementos. Pisaban el borde cambiante de dos mundos. Estaban en una costa.

Volvióse a oír un gran bullicio de murmullos. La persona dejó de mirar sus pies y alzó la vista. Vislumbró que un gigantesco espacio abierto la rodeaba. Olió aire fresco y caliente; húmedo y seco, en una hibridez difícil de ignorar. Este ser estaba disperso. Compenetrado y disperso. Sumergido, pero con los pies sobre la tierra. El desperdigado viento estaba determinado a difuminar los contornos de esta poco concentrada persona. En tanto que el alboroto se acentuó.

El individuo comenzó a evocar recuerdos que involucraban ese sonido. Los desbordes líquidos del cielo cayendo prolongadamente en las siestas. Chorros llenando cubos de agua. Un sueño en el que divisó una lejana fuente en medio del horizonte, cuyas aguas fluían con fuerza y descendían al río que la circundaba. ¿Por qué sucedía éso?  Tal vez… ¡No! Seguramente trataban de decirle algo con ese ruido. Indudablemente. Pero ¿qué? ¿Quién?

Repentinamente, la persona apareció bajo la ducha, con la cabeza enfocada en las cosas de siempre. Focalizada en un estambre de problemas.

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