ESRUZA

La noche era osscura, afuera caía una tormenta, como tormenta había en su corazón.

Ella había dicho adiós varias veces, sin que se llevara a cabo, pero ahora era él quien decía adiós, sin decir adiós, el silencio y las aguas calmas se impusieron. Un lindo sueño a punto de hacerse realidad, pero no fue así.

La vida es corta y a veces no se sabe tomar de ella lo que ofrece sin que sepamos cuándo se apagará; la soberbia nos ciega y creemos que sabemos qué es lo que hacemos y, al final, nos encontramos recogiendo los pedazos de nuestra propia vida sin poder recomponerla. Mientras tanto, el camino sigue, ¿Cómo?  Quién sabe, pero habrá que seguirlo, ser fuerte y seguirlo. No más expectativas, no más lágrimas, no más esperas, no más dolor.

Afuera la tormenta terminó, como terminó el sueño, así, de repente. Amaneció, y se encontró, nuevamente, con la realidad, sentada en una calabaza.

 

 

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