ALMUTAMID

Me desperté con una resaca terrible casi al mediodía en un día que precisamente no acompañaba pues el sol del viernes había sido un espejismo y el sábado había venido acompañado de tormentas y fuertes aguaceros en una jornada gris y oscura.

Pero lo que más me preocupaba no era ni el dolor de cabeza ni las náuseas que tenía. Lo que más me preocupaba era pensar que Anika me echara en cara algo de lo sucedido y yo aparecer como un aprovechado, que se supiera en la residencia, quedar aislado y sin amigos allí y que Astrid me lo echara en cara. Demasiadas cosas dando vueltas en mi cabeza.

Bajé a la cocina a tomar algo caliente y avergonzado pensé en hablar con Mireia. No tenía tanta confianza con ella pero el poder usar mi idioma serviría para explicarme. Pero no estaba en su dormitorio ni en el salón. Me encerré en mi cuarto dándole vueltas a la cabeza hasta que ya a media tarde llamaron a la puerta. Era Astrid.

-Hola, Luis. ¿Tienes planes hoy? Qué mala cara tienes. ¿Te pasa algo?
-Tengo resaca.
-Nomal. Anoche ibas bastante borracho.
-Pero es que tengo un remordimiento que me está matando.

La chica preocupada se sentó en la silla frente a mi cama donde yo estaba tirado boca arriba.

-¿Qué te pasa?- preguntó.

Era el momento de jugármela. Mejor ser sincero que no aparentar algo y ser descubierto después. Así que respiré hondo y sin atreverme a mirarla empecé a contar:

-El chico con el que Anika tuvo algo fui yo. No me gusta, no sé como pasó. Fuimos a orinar a un callejón y se me abalanzó encima. Yo no quería pero al final, pues hubo algo. No me di cuenta de que estaba tan borracha y ahora me siento culpable…

Tras un silencio breve Astrid rompió en una fuerte carcajada que no me esperaba haciendo que me incorporara desconcertado para mirarla y al ver mi cara de asombro se explicó:

-Perdón. No quería reírme de ti. Es que no entiendo tu preocupación. Los dos estabais muy borrachos. Dudo que ninguno de los dos estuviera en condiciones de abusar del otro. No me mires así. Le gustaste a la chica y desinhibida por el alcohol se fue a por ti que con la misma borrachera fuiste incapaz de decirle que no. ¿A quién no le ha pasado eso en una noche de fiesta?
-Pues a mí. Joder, soy de tener sexo con quien me gusta, no con cualquiera- dije molesto.
-No te enfades. No quiero decir eso. Quiero decir que todo fue por la borrachera. Te portaste después muy bien con ella. Un abusador no carga casi media hora con una chica de la que pasa.
-¿Y qué hago? ¿Hablo con ella?
-Espera a ver si se acuerda. Si te dice algo lo habláis. Pero dudo ni que se acuerde de qué hizo ni con quien.
-Pero ¿y el semen de su ropa?
-Cuando a mí me ha pasado- confesó dejándome perplejo- he preferido no saber con quien ha sido.
-¿No has pensado que podrían haber abusado de ti?- pregunté extrañado.
-¿Yendo con amigos? No. Claro que no.
-A mí una vez me acusaron falsamente y lo pasé muy mal.-confesé.
-Hay muchos hijos de puta sueltos. Pero todavía no me he cruzado con ninguno. Y si me llega a ocurrir…- hizo el gesto de cortar con una tijera con dos dedos.
-¿Entonces crees que no debería hacer nada?
-Si ella te pregunta ser sincero. Sobre todo en lo de que no te gusta. Y, por favor, ten tacto.
-Claro.
-Pero no te creas que se ha enamorado de ti. A lo mejor sólo quería hacer lo que hizo contigo.
-Ojalá…
-Bueno- dijo poniéndose en pie- ¿te animas a hacer algo esta noche?
-La verdad es que no mucho ¿qué plan propones?
-Unos amigos suecos van a reunirse en una residencia en el campus y no me apetecía ir sola.
-Un poco lejos ¿no?- objeté.
-Sí, por eso no quería ir sola. Pero la verdad es que tienes mala cara, jajajaja. Te vendrá bien descansar. Yo ya veré qué hago.

La charla me tranquilizó bastante. También me llamó la atención la distinta cultura del sexo. Una chica española difícilmente te contaría que se ha liado borracha con un tío o que ni siquiera sabía con quien ha estado. Pero en el norte de Europa tienen asumidas esas circunstancias de otra forma. Aunque tiene sus riesgos. Leí una comparativa entre el porcentaje de delitos sexuales cometidos en los países nórdicos y era mucho más elevada que en España. No todo era más positivo.

Atontado por la resaca y la lluvia persistente que golpeaba con fuerza el tejado del edificio de la residencia, especialmente la buhardilla, me pasé casi toda la tarde tirado en la cama. Antes de cenar decidí darme una ducha. Me encontré los baños extrañamente solitarios. Me puse un pantalón de chándal y una camiseta y me fui a prepararme algo de cena. Ya estaba más entonado. Era la hora española de cenar, en torno a las 21:30. En el salón se oían voces. Tras prepararme algo asomé al salón y lo encontré muy animado con gente por grupos charlando, tomando cervezas o viendo un partido en el televisor. Había música pero no muy alta.

Cené en uno de los taburetes de la cocina y animado cogí una cerveza y me acerqué al salón. Allí vi a Yusef. Me acerqué a saludarlo. Estaba viendo un partido de la liga francesa con tres tíos más. Me senté con ellos y nos pusimos s hablar de fútbol, vuestros equipos, jugadores… Aprovechando la conversación pregunté si no salían. Uno de los chicos me explicó que como el tiempo era malo en invierno eran habituales las reuniones en pisos y residencias. En ocasiones se organizaban fiestas y otras veces surgían. De hecho, uno de los chicos no era residente. Era un amigo de Yusef que había traído unas cervezas para ver el fútbol.

Estando charlando con ellos apareció Astrid. La saludé y se acercó a nosotros. Al final no había salido tampoco. Aceptó una cerveza de los chicos al presentarla y estuvo charlando un instante pero como estábamos con el fútbol se acercó a otro grupo donde estaba Georges. Los observé pero se comportaron como dos amigos, a pesar de que sospechaba que habían estado follando dos días antes.

Al poco ella se retiró con otro grupo. Algunos bebían, incluso había quien bailaba. Aunque algo había en común. Todos estaban vestidos informalmente con vaqueros y camisetas o como yo con algún pantalón de chándal o leggin. Todas las chicas iban sin sujetador como había comprobado hasta entonces, con camisetas o con tops de tirantas aprovechando la calefacción. El braless era la norma y aparentemente a nadie le llamaba la atención los pezones marcados.

Me fijé que en un grupo empezaban a fumar y no era precisamente tabaco. No pareció molestarle a nadie. Me acerqué a saludar a Georges, que hablaba con varias chicas, una morena que ya había visto en las duchas, una chica oriental y otra rubia. Me las presentó aunque no me quedé bien con sus nombres a pesar de que estuve hablando con la morena un buen rato muy interesada en la cultura española. Ella era estudiante de ingeniería aunque admito que en lo que más me fijé de ella fue en sus labios muy gruesos y como destacaba su piel oscura con un top blanco que aprisionaba sus pechos. En ocasiones es difícil mantener la neurona en la cabeza correspondiente.

Entre las 20 o 25 personas que habría allí y la calefacción empezaba a hacer bastante calor. El alcohol empezaba a correr y yo no estaba muy recuperado aun de mi resaca por lo que al rato me retiré al dormitorio pensando en dormir. Pero como me había despertado tan tarde no lo conseguía. Un par de horas más tarde bajé a la cocina a por agua fría. Seguía habiendo gente en el salón pero menos que antes a juzgar por el ruido. Asomé la cabeza y la imagen que vi me recordó a una escena ya vivida mi primer año en la universidad cuando terminamos en el piso de unos Erasmus. Una chica desnuda de cintura para arriba bailaba sola mientras dos tíos fumaban un porro observándola. En uno de los sofás una pareja se besaba, ambos también sin camiseta. Un grupo bailaba aparte bastante borrachos y me tuve que apartar para que otra pareja saliera por la puerta abrazados entre besos seguramente para ir a una habitación a follar. Me faltaba la imagen de Silvia frente a varias pollas aunque no dudaba que la pareja del sofá terminara follando allí mismo como si nadie pudiera verlos.

Relacioné lo visto con lo que me había ocurrido con Anika y me ayudó a quitarle importancia. De hecho me ayudó a dormirme cuando regresé al dormitorio.

La semana siguiente transcurrió con tranquilidad. Ya me había asentado en la nueva residencia, repetía clases y conocía gente en casi todas aunque con el que más tiempo pasaba era con Guido que no había conseguido follarse a ninguna de las alemanas pero estaba seguro de conseguirlo. Yo era consciente de que tener sexo no sería una empresa difícil tras lo visto, pero realmente solo me apetecía con Astrid y estaba lejos de mi alcance a pesar de tenerla más cerca que a nadie, pues seguíamos saliendo a correr juntos y hasta coincidimos en la ducha, pero ¿qué deseo iba a tener ella por mí después de haber estado con Georges y saber mi historia del callejón?

Aquellos días tras aquella fiesta, que al haber ocurrido en el primer fin de semana del segundo cuatrimestre, y se había convertido en una especia de presentación, el ambiente en la residencia se notaba distintos. La gente se conocía, se paraba en los pasillos e incluso en las duchas a charlar. Todo estaba podríamos decir que más abierto. Por suerte Anika no me dijo nada y se comportó como antes, aunque me seguía poniendo ojistos.

A mí ese ambiente me resultaba cómodo y más teniendo en cuenta que el terrible clima invernal hasta el momento había sido amable. El miércoles el txrimiri casi permanente se transformó en una nube dispersa de copitos de nieve. El jueves la nevada ya cuajaba en algunos rincones pero lo pero estaba por venir. Anunciaban la llegada para la siguiente semana de la “Bestia del Este”, una ola de frío siberiana que en ocasiones traía cielos despejados con heladas de hasta 15ºC bajo 0, pero si chocaba con un frente atlántico podría provocar nevadas tan intensas que paralizarían todo el noroeste de Europa. Si era así se cortarían las clases en la universidad hasta que se levantara la alerta meteorológica. Ya veríamos qué pasaba.

Pero hablando con compañeros en la universidad y la residencia me explicaron que el tipo de reuniones como la que había visto el sábado eran muy comunes en el este y norte de Europa. Españoles, griegos, italianos o franceses no estábamos acostumbrados a ese tipo de fiestas pues generalmente nuestros climas favorecían la salida a pubs o discotecas. Pero el crudo invierno de esos otros lugares había hecho que se sustituyeran las fiestas en locales por fiestas en casas, y especialmente en residencias de estudiantes por la acumulación de población joven y universitaria. Eran fiestas donde corría el alcohol, las drogas, y el sexo. De hecho, la misma Astrid me comentó lo comunes que eran esas fiestas en su universidad de Suecia y me explicó que eran comunes los juegos y retos en muchos casos con connotaciones sexuales. Aunque fue Georges el que me dijo que lo más importante en esas reuniones era tener cerveza en cantidad pues lo demás vendría solo.

El viernes la nevada era copiosa amenazando con provocar el cierre de aeropuertos y algunas carreteras. Yo había visto nevar cuando estaba en la residencia alguna vez pero jamás en mi ciudad y no de forma tan continua. Afortunadamente la temperatura no era demasiado baja y la mayor parte de la nieve se derretía. Pero sirvió de excusa para que se corriera la voz por la residencia de que habría fiesta en el salón y estaba abierta a invitar a gente ajeno a la residencia.

Yo se lo comenté a Santiago y a Guido, pero el gallego tenía que venir de bastante lejos y temía quedarse atrapado en un autobús. Guido quería quedar con la alemana y dependía si lo conseguía o no su decisión de venir.

El sistema era sencillo. No había una organización propiamente dicha. Cada cual aportaba cerveza y licores y algo de comer que se iba sacando al salón. Si alguien venía de fuera traía su parte. Yo por si acaso hice un importante acopio de cerveza y distintos tipos de aperitivos.

A las 7 y media de la tarde ya se oía música y subía un rumor desde la primera planta. Yo me puse unos vaqueros y una camiseta y llamé a la puerta de Astrid. Me dijo que estaba haciendo algo de clase y en un rato bajaba. Estaba espectacular con unos vaqueros que parecían su segunda piel y un top negro de tirantas que sostenía sus pechos luchando contra la gravedad dejando que una fina tira de piel blanca se escapara hasta llegar a la cinturilla del pantalón.

Bajé y me encontré el salón bastante animado. El único problema es que ya se había llenado de humo de tabaco y otras sustancias humeantes como porros y cachimbas. Yo me acerqué de nuevo al grupo donde estaba Yusef pero no estaban viendo fútbol sino que se les veía más interesados en charlar con chicas. De hecho, varios eran musulmanes pero bebían alcohol. Georges me saludó levantando el brazo desde el otro lado de la sala. Iba sólo con un pantalón luciendo su cuerpo marcado seguramente por horas de gimnasio.

Ese era otro detalle que me llamó la atención. Muchos chicos iban sin camiseta como forma natural de acudir a esas fiestas. Entre las chicas la variedad era mayor, pues las había arregladas con vestidos, con minifaldas vertiginosas y tops, aunque la mayoría iban con un vaquero y un top o camiseta. Ya por curiosidad me fijé en si alguna llevaba sujetador pero me corté de pensar que andaba mirando tetas descaradamente.

Me pasó como la vez anterior me presentaban gente pero me costaba aprenderme sus nombres, algunos por lo complejos y otros porque la cerveza, aunque menos fría de como yo la acostumbraba a tomar, iba entrando en mi cuerpo entre charlas y risas. Por fin apareció Astrid que se acercó a avisarme de que había bajado. No se había cambiado. No le hacía falta. En un momento tuve una extraña situación, pues aunque algo más alta y muy rubia y blanca de piel, de pronto se me pareció a Alba. Fue sólo un instante pero suficiente para quedarme pensativo un rato.

Otra de las costumbres diferentes es la de los zapatos. La lluvia casi permanente, o la nieve como en este caso hacían que las calles estuviesen encharcadas y en ocasiones embarradas. Por eso es costumbre dejar los zapatos a la entrada de la casa y caminar descalzos, generalmente con grueso calcetines sobre los suelos de madera. En la residencia era algo que no se había respetado los primeros días desde mi llegada aunque me había sorprendido ver a residentes quitarse los zapatos en la entrada y subir con ellos en la mano. Pero cuando empezó a nevar todo el mundo cumplió con esa regla. Los invitados dejaban sus zapatos en el zaguán del edificio mientras que los residentes subíamos a las habitaciones con ellos en la mano. Por tanto, todas las personas presentes en aquel salón llevaban calcetines, medias o directamente andaban descalzos. Algo que me pareció una cochinada en el momento en que empezó a derramarse bebida.

Y se derramó mucho. Los españoles tenemos tan socializado el alcohol que su consumo acompaña las reuniones, pero su abuso sólo se convierte en costumbre cuando hay algún tipo de celebración. Pero en otras partes de Europa el alcohol es la celebración en sí mismo. Jóvenes reunidos, alcohol y música es suficiente para convertir una reunión en una fiesta. Y todo a pesar de la diversidad de nacionalidades, religiones y razas presentes. Sólo había ganas de beber y divertirse, especialmente beber a una velocidad elevada.

En una de las veces que fui a vaciar la vejiga por la acumulación de cerveza, me crucé con Mireia y Anika. Las dos estaban muy animadas. No veía a la polaca desde el sábado por la noche y me tranquilizó verla de nuevo borracha pero pasando de mí. Mireia se paró conmigo y me comentó que había invitado a su tribu de antropólogos y sociólogos pero que estaban en un rincón del salón en uno de sus debates profundos sobres las organizaciones humanas y las instituciones opresoras como el estado, la familia patriarcal o la escuela. Mi mente después de 6 o 7 cervezas no daba para tales debates.

Al volver al salón alguien había puesto música en español. Era latina, salsa o bachata, no recuerdo bien, pero en medio de la sala una chica rubia de pelo rizado hacía algo parecido a intentar bailarla. Era muy mona, delgada, con unos vaqueros que se ajustaban a un culillo bien puesto aunque estrecho para su altura y un top de color naranja muy vivo que se ajustaba perfectamente a su silueta incluyendo dos pechos medianos. Al levantar los brazos asomaba un ombligo que se contoneaba con sus movimientos algo espasmódicos.

La observé y llevado por la valentía que da el alcohol me acerqué a ella parándome delante y ofreciéndole la mano diciéndole:

-Follow me… (sígueme)

La chica en vez de pasar de mí y seguir a lo suyo me cogió la mano de modo que di un paso agarrándola por la cintura para iniciar los pasos laterales de una bachata invitándola a mover las caderas. Comprobando que yo sabía lo que hacía la chica puso su otra mano en mi hombro y sin la gracia de las caribeñas dio pasos al ritmo de la música. Una vez entendido el mecanismo me atreví a hacerla girar haciéndola bailar de espaldas a mí cambiando mi mano de cintura. Yo precavidamente no me arrimé a ella pero ella sí que pegó su culo a mi paquete rozándose conmigo en cada movimiento de cadera. Aquello me encendió especialmente cuando la chica volvió a ponerse de frente a mí regalándome una sonrisa mientras que su mano iba a mi pecho en vez de a mi hombro.

Giro de nuevo, y otra vez su culo pegado a mi paquete y mi mano en su ombligo. La gente había formado corro y nos observaba mientras que otros torpemente intentaban imitarnos. Yo convertido en estrella de baile. Quién lo iba a decir. Hasta dos veces más le refregué el paquete por el culo hasta que terminó la canción entre aplausos de los espectadores.

-¡Qué bien bailas¡- le dije en inglés al terminar.
-Pero si no sé, jajajaja- respondió- sólo te he seguido.
-Pues lo has hecho muy bien.
-¿Te apetece una cerveza?
-Claro- respondió.

Tiré de ella hacia la cocina y allí abrí dos tercios de cerveza. Brindamos y nos presentamos. Ella se llamaba Heike y era holandesa. Había venido invitada por una compañera del piso que tenía alquilado, que a su vez era compañera de clase de alguien de la residencia. Al saber que era español me alabó de nuevo el baile pero tuve que recordarle con la música latina no era originaria de España.

La cocina era un entrar y salir constante de gente, al igual que el pasillo. Y en el salón había mucho ruido. Me tiré de la moto y le ofrecí subir al dormitorio para charlar tranquilos. ¡Y aceptó! La conduje escaleras arriba. En el pasillo de la 2ª planta también había movimientos de gente que iba y venía de las habitaciones. De hecho, vi a Georges salir con una chica de un dormitorio.

Mi dormitorio le pareció grande pero le demostré que había que agacharse casi en la mitad de su superficie. Pero le gustó. Al entrar se fijó en los adornos que yo había puesto en la pared mientras yo puse pop español en el ordenador para escuchar algo de música. El cartel de Semana Santa fue lo que más le llamó la atención. Es difícil explicar a un calvinista la importancia de las imágenes en el mundo católico. Pero allí estaba yo intentando que comprendiera que aquellos capirotes blancos no tenían nada que ver con el Ku Klux Klan.

Pero en medio de la explicación y con Heike mirando el póster sonó una canción de ritmo latino y lanzándome a la piscina la agarré de espaldas por la cintura pegando mi paquete a su culo de nuevo marcando el ritmo de la canción con las caderas. Pasó su mano por detrás de su cabeza hasta mi nuca siguiéndome el baile. Esta vez, a solas y tan pegados sentí que la chica tenía ganas de algo más que de hablar de cultura española y bailar. Aun así la giré para hacer varios pasos de baile encontrándome de nuevo con su sonrisa y sus profundos ojos azules. Varios pasos, giros y vueltas para volver a la posición inicial con mi polla pegada a su culo. Me estaba excitando y empezó a hincharse sin llegar a empalmarme del todo. No sé si ella lo podía sentir pero mis manos la agarraban por la cintura tocando su piel.

El final de la canción llegó de forma inesperada. Heike se giró para mirarme de nuevo dando un largo sorbo a su cerveza que tenía en la mano. Era el momento pero a diferencia de como había hecho con chicas en España aquí fui más directo.

-Heike…
-Dime…
-El baile me ha excitado…

La chica sonrió divertida peor no dijo nada. No sabía si el sonrojo de sus mejillas era por el baile, vergüenza o excitación también.

-¿No me dices nada?- pregunté impaciente.

La holandesa me besó en los labios repitiendo después la sonrisa. Entonces empezó a sonar otra canción de ritmo latino y fue ella la que se cogió de mi cintura para bailar de nuevo. ¿Qué quería decirme? ¿Qué baile sí pero nada más?

Yo la seguí bailando de nuevo como antes pero ahora fue ella la que me dio la espalda. Mejor dicho, el culo, pegándolo de nuevo a mi paquete. Yo puse mi mano en su barriga, pero no en su cintura sino sobre el botón de su pantalón para pegarla más a mí. Seguíamos bailando mientras mi excitación crecía en sensación y físicamente con una erección ya importante que la chica debía notar pegada a mí.

Pensé que se daría la vuelta, pero puso sus dos manos en mi cintura desde adelante. No perdíamos el compás del baile o al menos eso aparentábamos. Cuando al fin se dio la vuelta busqué su boca y empezamos a comérnosla con lengua. Su mano llegó a mi culo antes que la mía al suyo. Aun hacíamos como que bailábamos cuando nuestras bocas se separaron. De nuevo su sonrisa tan agradable.

Evidentemente ya no estábamos sólo bailando. Mirándonos de frente agarré por abajo su top para quitárselo. Me dejó hacerlo mostrándome dos pechos medianos con dos pezones muy anchos y pálidos que apenas destacaban sobre su piel blanquísima. Casi sin tiempo para verlas bien la chica me quitó la camiseta y se acercó a mí besándome mientras volvíamos a seguir el ritmo de la canción ahora con sus tetas desnudas pegadas a mi pecho.

Bailar semidesnudos estaba resultando una actividad muy excitante a juzgar por como me apretaba el pantalón. Y ya no había duda de que ella lo notaba al pegar nuestras caderas para juntar nuestros pechos con su permanente sonrisa solo rota por algún que otro beso.

El final de una canción me sirvió para desabrochar su pantalón encontrándome con un tanga blanco de algodón de tira ancha que separaba unos glúteos bien formados de piel sonrosada quizá por el roce de la prenda. Pero ella quería seguir bailando y en cuanto sacó sus pies de la prenda aprovechó para cogerme de la cintura y retomar el baile. La canción para nada se bailaba de esa forma pero eso ya era lo de menos.

Un cambio que noté fue que ella quiso tomar la batuta y me hizo girar quedando de espaldas a ella que pegó sus tetas sobre mi piel trasera colocando la palma de su mano sobre mis abdominales y el pantalón. Con esa misma mano desabrochó la prenda haciendo que saltaran los botones de la bragueta. Para mí fue una liberación que la gruesa tela del vaquero ya no comprimiera mi erección. Pero de nuevo nos giramos bailando enfrentados y de nuevo me regalaba su sonrisa complaciente.

Heike estaba bastante delgada pues se marcaban sus costillas bajo sus pechos sobre todo cuando al mover la cadera su piel se estiraba del lado contrario. Lo curioso es que desde que le había reconocido mi excitación con el baile no habíamos hablado y fui yo quien rompió el silencio:

-Es el baile más excitante que he tenido jamás.
-Y tú el mejor compañero de baile- respondió empujando hacia abajo mi pantalón para dejarme en calzoncillos. Unos calzoncillos negros en los que se marcaba exageradamente un bulto considerable como reflejo de lo que mi boca había expresado. Una vez que me sacó los pantalones, con más facilidad que los suyos al no ser ajustados la tomé de la cintura para seguir bailando pero esta vez la puse de espaldas a mí para que sintiera mi polla en sus nalgas. No se arrugó y repitió el refregón que habíamos tenido previamente pero ahora con menos barreras de por medio.

Yo había dejado clara mi excitación. Ella no se había pronunciado. Hasta que sin esperármelo me empujó para que cayera sobre la cama y arrodillándose en el suelo entre mis piernas me dejó claras dos cosas. Que también me tenía ganas y que el sexo oral forma parte de los preliminares en cualquier relación, pues bajando mi calzoncillo liberó mi churra hinchada y brillante con alguna gotilla asomando en su extremo. Con carita mimosa miró mi mástil agarrándolo con las dos manos y lamió mi glande con la punta de la lengua haciéndome estremecer.

Pareció agradarle mi reacción repitiéndola varias veces hasta que rodeó mi glande con su boca mientras lo rozaba con su lengua provocándome una sensación muy placentera que comuniqué con un gemido: “I love it…” (Me encanta)

La chica mantuvo un rato el extremo más sencillo de mi polla en su boca paseando su lengua por él pero no hizo ningún intento por tragar algo más mi falo. Hasta que se levantó del suelo para besarme. Yo me giré de lado para tumbarnos ambos en la cama devolviéndole un largo beso con lengua mientras mis manos acariciaban sus pechos comprobando que sus pezones se habían contraído no mostrándose tan grandes. Quise imitarla y bajé mi cabeza para succionar su pezón mientras ella se tumbaba boca arriba dejándome hacer acariciando mi espalda. Sus pezones estaban contraídos pero sobresalían poco obligándome a rozarlos con la punta de mi lengua como ella había hecho con mi polla.

Ante esa dificultad decidí quitarle el tanga sin encontrar oposición encontrándome como un pubis totalmente rasurado donde sus labios mayores se abrían dejando que entre ellos asomaran unos prominentes labios menores coronando su centro de placer como la cresta de un volcán. No soy un obseso de los coños. No es en lo que más me fijo en una chica y si me bajo al pilón es más pensando en ella que en mí, pero ese coño me atrajo sobremanera de modo que me deslicé por la cama poniéndome de rodillas en el suelo y me colé entre sus piernas. Ella apoyó una de sus piernas en mi hombro rozándome con su calcetín observándome mientras yo acariciaba su barriga que subía y bajaba espasmódicamente por la excitación. Besé su muslo. Heike estaba caliente y deseando que le comiera el chocho. Pero quise hacerme esperar acariciando su barriga y su muslo mirándola a los ojos mientras que ella parecía decirme: “¿A qué esperas para comer el coño de una vez?”

Besé su pubis notando como sus caderas se elevaban hasta que atrapé sus labios menores con los labios de mi boca. La chica gimió lastimera. La miré. Repetí pero ahora empujé también con mi lengua colándola dentro de su coño saboreando su contenido algo salado a la vez que recibí en mi nariz el aroma mezclado de un ligero fondo a sudor y el olor de su excitación. Para cuando localicé su clítoris entre el pellejo de sus labios succionándolo la neerlandesa no podía evitar el movimiento de sus caderas y gemía sin importarle quien nos pudiera oír.

Dudé si llevarla hasta el orgasmo o parar para follar. Opté por lo segundo. Que ella deseara mi polla. Levanté la cabeza de entre sus piernas y le pregunté abiertamente:

-Do you wanna fuck? (¿Quieres follar?)
-Yes, please, let’s fuck… (Sí, por favor, vamos a follar…)

Me levanté mostrando mi erección en todo su esplendor mientras que Heike recogía las piernas poniéndose derecha en la cama con la cabeza en la almohada. Yo saqué un condón de la mesilla de noche que estaba tras el cabecero de la cama y me lo puse mientras la chica me observaba regresando a la cama junto a ella. Nos besamos y me acomodé sobre ella entre sus piernas apoyándome sobre mis brazos flexionados para dirigir mi nabo a la embocadura de su coño. Pero con sus labios tan salientes no atinaba por lo que ella la llevó con su mano hasta que sentí su calor en mi glande impulsándome con las nalgas para que mi churra se deslizara abriéndose paso en su interior. Su vagina era estrecha y no fue tarea fácil metérsela entera. Pero Heike resoplaba agarrada a mi cuello. Una vez pude penetrarla completamente noté como su chocho se relajaba permitiéndome moverme con más holgura.

Inicié una penetración suave apoyando mis rodillas en el colchón para poder controlar el movimiento. La holandesa ronroneaba con mis movimientos mientras sus manos se paseaban por mi espalda, costado, culo o muslos. ¿Quería más caña? Me apoyé de nuevo sobre mis brazos separando mi torso del suyo y empecé a penetrarla con velocidad. Su cara se contrajo antes de abrir mucho la boca y jadear entre palabras en su idioma que no comprendía intercaladas con:

-Oh my God…-repetidamente subiendo el volumen y el tono.

Cualquiera podría oírnos desde el descansillo o el cuarto de Astrid. No sé si habría nadie. Nos daba igual. Mientras la follaba sin piedad Heike apoyaba una mano en mi pecho acariciándose una teta con la otra sin dejar de mirarme con la boca abierta. Eso me estaba poniendo muy cachondo.

Se le notaba cerca del clímax intentando cerrar sus muslos para atraparme. Sus gemidos ya eran grititos cada vez que me hundía en sus entrañas en ocasiones dejándome caer con todo mi peso mientras que otras hacía penetraciones cortas y rápidas. Yo también estaba muy excitado. Temía correrme antes que ella pero no fue así. La chica arqueó la espalda cerrándolos ojos con la boca muy abierta dejando escapar todo el aire de sus pulmones en un largo y ahogado “arghhhhhhhhhhh”. Después empezó a retorcerse con su cintura delgada girando ligeramente mientras intentaba subir y bajar sus caderas mientras mi martillo pilón no dejaba de machacar. Joder, su orgasmo parecía largo o al menos prolongarse mientras yo no acabara.

Sentí como el cosquilleo de las pelotas me subía por la espalda y el vientre. Hacía mucho que no sentía así la proximidad de mi orgasmo. No podía parar mientras la holandesa seguía retorciéndose. Una hora antes jamás habría imaginado estrenar así mi cama en la residencia. Por fin sentí como el semen se habría paso por mi uretra vaciándo mis pelotas dentro del condón. Arqueé la espalda apoyándome en los brazos estirados clavando mi polla en su coño mientras en español casi gritaba:

-Me corro, me corro…

Tras vaciarme con varias sacudidas me salí de dentro de la chica tumbándome a su lado recuperando el aliento mientras ella parecía desperezarse estirando los brazos mientras decía:

-So good…It’s been so good…-recalcó (Qué bien, ha estado muy bien)
-Espero que hayas disfrutado.
-Mmmmmmmm- se estiró de nuevo- Ha estado genial. En mi país se dice que el que baila bien folla bien, y contigo lo he demostrado- comentó girándose para mirarme.
-Me alegro. A mí también me ha gustado mucho.-respondí justo antes de quitarme el condón para dejar que mi churra se relajara.
-Estoy seca. ¿Me pasas la cerveza?

Me levanté de la cama aprovechando para tirar el preservativo en la papelera y cogí las dos cervezas. Heike se sentó en la cama apoyando su espalda en la pared y colocando las piernas con una cruzada y otra con la rodilla hacia arriba de modo que su raja quedaba oculta y apoyando su mano en la rodilla que tenía cerca de la cara dio un largo sorbo a la botella terminándola.

-Espera- le dije- voy a por más.

Me puse el vaquero sin calzoncillos y bajé así a la cocina. En el salón se seguía escuchando jaleo pero ni me asomé. Cogí dos cervezas frías, las abrí y aproveché también para subirme una bolsa de frutos secos. Apenas tardé un minuto en el que me volví a cruzar con gente que entraba y salía del salón. Entré en el dormitorio comprobando que Heike no se había movido de como la dejé. Le di la cerveza y abrí la bolsa de frutos secos poniéndola sobre la cama. Yo me quité los pantalones comentando:

-No sé quien puede ir por ahí sin calzoncillos…

Heike se rio mientras yo me sentaba como ella apoyando mi espalda en la pared. Pasamos un buen rato charlando mientras nos comíamos los frutos secos. Era una chica muy divertida. Pues aunque nos contamos detalles como nuestros estudios o hablamos de nuestras ciudades, intenciones de futuro y tal, su risa llenaba la conversación en bastantes ocasiones. Era una niña muy bonita y estaba desnuda en mi cama bebiendo cerveza después de haber echado un polvo.

En realidad nos estábamos presentando. Habíamos follado casi sin conocernos y era después cuando estábamos contando al otro quienes éramos. Era algo que no me había pasado nunca y menos con una niña tan bonita. Era tan blanca que yo parecía moreno a su lado.

Mientras hablábamos oímos ruido en la habitación de Astrid. Era un quejido lastimero rítmico. Yo ya lo había oído antes. Pero si yo había visto a Georges con otra chica. Entonces. Un chico estaba con ella. Gemía también. Pero no parecía la voz del francés. Heike y yo nos quedamos en silencio mirándonos con media sonrisa confirmando que estaban follando al lado. Hizo la broma de pegar la oreja a la pared para espiar poniéndose de rodillas en la cama. De nuevo vi su chocho con sus labios menores salidos. Ella sonreía con la gracia, pero yo picado con lo que venñia de la otra habitación me puse de rodillas también y le pregunte:

-Would you like fucking again? (¿Te gustaría follar otra vez?)

-¿Quieres competir con los de al lado?-preguntó risueña.
-No. Los he oído y como eres tan bonita me ha apetecido. Como antes estuvo tan bien…

Con la misma sonrisilla se levantó de la cama cogiendo los frutos secos y las botellas para dejarlos en la mesa regalándome una visión de su espalda y su culo. Me agradó tanto que mi polla empezó a reaccionar hinchándose ligeramente. El sexo es más mental que físico. Llevábamos un buen rato hablando desnudos y sin embargo su actitud cuando le estaba proponiendo sexo es la que inició el proceso de llenado de tanques de mi churra.

Heike regresó a mi lado. Seguíamos escuchando los gemidos de la otra habitación pero ya no prestábamos atención. Se puso de rodillas en la cama frente a mí y vino a besarme. Parece que también tenía más ganas.

Me senté de nuevo apoyado contra la pared mostrando mi erección ya completa. La holandesa seguía de rodillas. Se sentó a mi lado besándonos de nuevo y acariciando mi pecho. Yo bajé la mano por su espalda deteniéndome en su culo pequeñito pero bastante duro que apoyaba sobre sus pantorrillas. Su mano agarró mi polla acariciándola y me preguntó:

-How do you call it in Spanish? (¿Cómo lo llamas en español?)
-Churra.
-Shuuu-raaaa.
-No. Chu-rra
-Shuuura.
-Jajajajajaja
-Tchuraaaa
-Suena delicioso en tus labios- respondí divertido.
-I like your tchura.-añadió divertida.

Mi respuesta fue ponerme de nuevo de rodillas mientras ella me pajeaba suave. Pero sabía lo que iba a hacer y se lo estaba proponiendo. Heike se echó hacia adelante apoyando su otra mano en el colchón y lamió la punta de mi nabo como había hecho unos instantes antes. Era su forma de mamar. Se metía el glande en la boca rozándolo con su lengua mientras me pajeaba con la mano. A mí me gustaba más cuando intentaban metérsela entera o mamaban con fuertes subidas y bajadas de la cabeza, pero no iba a proponérselo. Dejaría que ella decidiera como quería hacerlo.

Lo que sí me sorprendió es que ahora no lo hizo en silencio sino que lanzaba unos gemiditos agudos de aprobación algo exagerados. Me dio la sensación de que creía seguirme el juego con la competición con la habitación de al lado. Quizá pensaba que eso me complacía. Y no voy a negar que lo estaba haciendo. Quería que Astrid supiera que yo también estaba con alguien. Ella sabía que yo atraía a chicas tras lo ocurrido con Anika, pero no quería que pensara que me aprovechaba de borrachas feas. Y Heike era una preciosidad.

La mamada se prolongó más tiempo que la vez anterior pero la postura debía ser incómoda. Así que una de las veces que la neerlandesa soltó mi polla me fui a por otro condón mientras me esperaba sentada sobre sus piernas en la cama. Su melena rizada rubia se apoyaba en sus hombros mientras sus ojitos observaban con las mejillas sonrosadas como embutía mi nabo en el látex. De regreso la besé de nuevo llevando la caricias por su espalda y culo esta vez hasta su raja para comprobar si estaba mojada. La conformación de su vulva con los labios mayores tan abiertos y los menores tan prominentes me dificultó toparme con su humedad pero la mamada la había puesto cachonda y comprobé que estaba mojada y sensible pues se estremeció gimiendo cuando mi dedo se coló en su chocho.

Me senté de nuevo con la espalda en la pared. Heike pasó sus piernas por encima y se sentó sobre mí. Se acomodó y yo sostuve mi polla para que se pudiera sentar dejando que la penetrara. Su coño no estaba tan cerrado como la vez anterior y mi nabo se deslizó con facilidad hasta perderse totalmente en su interior. Heike de nuevo vació sus pulmones regalándome una sonrisa mientras buscaba aire de nuevo con leves boqueadas. Sus mejillas se enrojecieron de nuevo y cerró los ojos pareciendo acomodarse al invasor.

Una vez penetrada quedamos enfrentados y cuando abrió de nuevo los ojos la besé regalándome unos gemiditos de aprobación.

-Se está muy cómodo así.- le comenté.
-¿No te aplasto?

Haciéndole cosquillas en la barriguilla le respondí:

-Este cuerpo me está gustando mucho.

La chica se rio contrayendo su vientre de forma que podía sentirlo a través de mi polla. Aprovechando que tenía la mano ahí la bajé donde mi cuerpo se perdía dentro del suyo acariciando su pubis. Entonces le pregunté en inglés:

-¿Cómo se llama esto en holandés?
-Ijshoorntje.
-Joder- respondí en castellano volviendo los ojos provocando la hilaridad de la chica.

Era divertido hacer reír a una chica teniendo la polla en caliente dentro de ella. A la vez que pensé “por las tetas ni le pregunto”. En ese momento de la habitación contigua llegó el sonido rítmico del golpeo de la cama contra la pared al que se unió el gemido acompasado de Astrid y poco después un gruñido masculino. Heike me sonrió y me guiñó un ojo empezando a botar sobre mi nabo ayudándose de sus piernas apoyadas en el colchón mientras empezó a golpear con sus manos la pared entre gemidos exagerados.

A mí me dio la risa mientras ella seguía divertida con el mismo juego. Me pedía con la mirada que le siguiera el juego pero me daba vergüenza. Entonces se me ocurrió cambiar de postura. Le pedí a Heike que se levantara. La chica aceptó y entonces me levanté yo también de la cama. Me miró extrañada sin saber cuales era mis intenciones hasta que le pedí que se pusiera de rodillas en la cama mirando a la pared. Yo me coloqué detrás para poder penetrarla a cuatro pero quedándome de pie.

Y así lo hicimos. Me sorprendió su complicidad. Nos acabábamos de conocer y sin embargo nos comportábamos como si fuésemos pareja habitual. Efectivamente en esa posición no había que mentir. Yo podía penetrarla con fuerza mientras la cama golpeaba contra la pared. Y así hicimos. Primero a un rotmo suave pero yo me vine arriba y aprovechando que me acababa de correr y tardaría en volver a hacerlo empecé a follarme a la chica con ritmo alto y fuerza. Al principio creo que gemía siguiendo el juego, pero a medida que mis penetraciones ganaban intensidad sus grititos se volvieron reales. Tanto que lanzó uno que casi me asusta bajando la cabeza. Parecía estar corriéndose.

Me dio igual yo seguí dándole caña. No pararía hasta correrme o que ella me lo pidiera. Además aproveché para acariciar sus pechos que rebotaban al ritmo de mis golpes de cadera. Lo curioso es que sus grititos ahora eran “aaaaaaaaaaaayeeeeees” muy largos con vibrato y en breve volvió a aparecer el:

-Oh, my God….aaaaaaaaaaaaayyyy…my Gooooooooood….

No os podéis imaginar como me puso aquello. Tenía la polla tan dura que apenas la sentía. Era algo que me pasaba pocas veces. Podría pasarme una hora dándole caña de esa manera. Con los gritos de Heike y los golpes de la cama en la pared no oíamos nada del otro lado. Pero los gritos de Heike ya debían llegar hasta el salón. Tan ensimismado estaba que no me di ni cuenta cuando la chica me empezó a pedir que parar:

-Pleeeeeeease, stop….aaaaaaaaaay….stooooooop, Luis….

Reaccioné dejando de penetrarla pero sin salirme de ella cuando de golpe empezó a temblar. ¿Le había hecho daño? ¿Me había pasado? Ella tenía la cabeza entre sus brazos y parecía tragar mucha saliva pero no decía nada. No sabía si salirme de ella y ver qué le pasaba o esperar que dijera algo más. Noté como temblaba de nuevo y de golpe noté un líquido que me golpeaba las pelotas. ¿Qué era eso? ¿Se estaba meando?

Sorprendido saqueé mi polla de su chocho viendo como salía un especie de chorro blanquecino que fue a parar a mi pierna y al suelo. Pero se cortó. Y al momento otro. Parecía como si su coño ¿me escupiera? Yo había sentido como alguna chica me empapaba en el momento de su orgasmo pero no salían churretones disparados. Tomé de mi muslo un poco del líquido comprobando que era traslúcido y más espeso pero inodoro. Evidentemente no me atreví a comprobar su sabor.

Avergonzada Heike se levantó tomando su cerveza de la mesa y dando un largo sorbo.

-Nunca me había pasado algo así- dijo después apoyándose en la mesa.
-Pero ¿estás bien?
-Sí, sí…ven- tiró de mi mano posándola en su bajo vientre- ¿notas como tiembla?
-Síiii- dije sorprendido.
-Y mira…-posó mi mano en el interior de su muslo comprobando que también temblaba -Ha sido increíble. Nunca había follado así. Uff, estoy mareada- dijo sentándose en la silla del escritorio.

Dio otro sorbo a la cerveza mientras yo la observaba.

-Mi amiga me dijo que nunca había follado como en Ibiza.
-Yo no soy de Ibiza.
-Pero eres español.
-¿Te ha gustado entonces?
-Uffff. Eres una máquina.- dijo antes de apurar la cerveza.
-¿Quieres que vaya a por más cerveza?- me ofrecí.
-Mejor no vayas así- respondió señalando mi erección.
-¿Y qué hacemos?
-Habría que bajarlo.
-¿Quieres seguir follando?
-Creo que no podría. Me tiemblan todavía las piernas. Pero ven.

Me acerqué a la silla y Heike empezó a acariciarme la polla con el condón puesto pero lo arrastraba pues había ido perdiendo parte de su lubricación. Me lo quitó y continuó acariciándome. Entonces tiró de mi nabo como si fuese un mango para ponerme donde quería y empezó a mamar de la misma forma que antes pero pajeándome a la vez con más intensidad. Iba a empujar su cabeza para que tragara más pero me pareció excesivo.

Mientras sostenía en su boca mi glande rozándolo con su lengua me pajeaba con una mano y acariciaba mi pecho, mi culo y mis pelotas con la otra. Yo aproveché para agarrarle una teta. La chica gemía como si estuviéramos follando sin yo saber si lo hacía por placer o formaba parte de la performance para que yo me corriera. En un descanso casi me hace reír cuando me dijo:

-Your tchura is tasty… (Tu churra está sabrosa)

Al final consiguió su propósito pues empecé a sentir que me venía el orgasmo reconociéndoselo con gemidos y expiraciones sonoras.

-Ya viene…-la avisé apartando la chica su cara y pajeándome con fuerza.

No fue un orgasmo tan intenso ni abundante como el anterior pero le llené el hombro, el pecho y el muslo de semen mientras daba grititos alocados de sorpresa. ¿Cómo saber si una mujer finge?

La cuestión es que la dejé perdida así que le ofrecí ducharse en la residencia. Cogimos una toalla y mi albornos y le dejé mi camiseta usada para bajar a las duchas. No había nadie duchándose pero sí entraba gente a los baños. Mientras yo me duchaba ella entró a orinar y esperé que ella se limpiara. Después yo bajé en albornoz a por dos cervezas. La fiesta seguía. Y ella subió al dormitorio envuelta en mi toalla.

Cuando entré se había puesto su top naranja y el tanga. Yo me puse un calzoncillo y nos bebimos la cerveza charlando. No quiso quedarse a dormir. Nos dimos los teléfonos y llamó a su amiga. La esperaba en el salón. Se despidió de mí en la puerta con un largo beso y con sus mejillas sonrosadas me dijo:

-Ya sé donde vives.

Justo antes de bajar por la escalera diciéndome adiós con la mano. En ese momento alguien salió del dormitorio de Astrid y no era Georges.

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